El cáncer que no tuve


Durante las últimas vacaciones de febrero estaba en la playa con dos amigas cuando de la nada me encontré una bolita en la pechuga. No era grande, y no soy de hacerme autoexamenes de manera regular, pero por algún motivo ese día lo hice y ahí estaba.


Cuando llegué de vuelta a Santiago en el control descubrieron que era de agua y que simplemente había que drenarla, pero que en la otra mama había un papiloma intraductal, y eso se opera. No es primera vez que lo cuento. Pero a pesar de quedar reiterativa siento que ese llamado de atención (el tumor era benigno) implica también una responsabilidad.


Octubre es el mes del cáncer de mama y hay miles de marcas que lo ocupan en sus campañas. Podrán decir que es solo marketing, y que el lazo rosa es un invento para vender mamografías. Probablemente las clínicas sí facturen más durante las próximas semanas, pero qué importa.


Tenemos la suerte de vivir en una época en la cual la detección temprana del cáncer tiene un altísimo porcentaje de cura y de sobrevida. No soy doctora, y tampoco necesité rayos ni quimioterapia. Pero todos conocemos a alguien que perdió el pelo, que se sacó ambas mamas, que todavía está en la lucha... o que ya no está.


No hay nada más poderoso que la información. La campaña que hizo mi amiga Andy Clar en Argentina es de lo mejor que he visto para despertar conciencia. Quién si no ella podría haberle puesto tanta cabeza y corazón a este tema. En estos días escuché y leí miles de comentarios sobre su iniciativa. Aunque no a todos les gustó, nadie puede discutir que hizo que el país entero hablara del tema. Solo por eso para mi es una genia.


Por si no lo vieron, se llama #ponerleelpecho y es una tremenda movida sin ningún sponsor. Mujeres que expusieron sus cuerpos solamente para alzar la voz. Algunas súper famosas, otras no tanto, pero todas se sumaron con el único objetivo de prevenir la enfermedad.


Yo me operé hace seis meses y jamás olvidaré el pánico que sentí. No es el cáncer lo más peligroso. Lo que mata es la falta de prevención. Mi cicatriz es realmente insignificante para los ojos de cualquiera, pero para mí es una enorme marca de guerra. No solamente porque simboliza al cáncer que no tuve, sino porque me recuerda todo lo que pasó antes, durante y después.


No esperemos las campañas de octubre. Cuidémonos todo el año.





SANTIAGO, CHILE