El efecto Jacinda


Ser mujer en el siglo XXI es mucho más que cruzar la calle y mascar chicle al mismo tiempo. No sé si en Chile se usa ese dicho, pero en Argentina es típico para ilustrar que sabemos hacer varias cosas a la vez.


Compatibilizar maternidad y trabajo sigue siendo difícil, sobre todo en países que se niegan a flexibilizar las jornadas laborales creyendo que pasar nueve horas (o más) en una oficina tiene algo que ver con la productividad.


Pero una cosa es saber que hemos avanzado, y otra es ver a una mandataria con su guagua en una cumbre de la ONU. Eso es exactamente lo que acaba de pasar, y es algo a lo que todas -todos en realidad- deberíamos prestar atención.


Jacinda Ardern es la primera ministra de Nueva Zelanda, un país que para mí es sinónimo de rugby, All Blacks y nada más. No tenía idea que tiene la jefa de Gobierno más joven del mundo (37 años, es prácticamente Millennial) y menos que fue mamá durante su mandato. Algo absolutamente impensado, al menos para mi.


Más allá del hecho histórico, esto nos enseña varias cosas. Primero, que cuando alguien es competente no hay nada más estúpido que sacar cuentas sobre si está o no en edad de tener hijos y gozar de pre y post natal.


Segundo, que la maternidad debe convertirse en algo compatible con todos los trabajos del mundo. Si una presidenta puede llevar a su bebé a la oficina (llámese asamblea general de la ONU), ¿cómo no vamos a poder el resto de los mortales? No digo siempre, pero sí cuando es necesario, o cuando no hay plan B.


Tercero, que Clarke Gayford, su pareja, no es menos macho por haber hecho un paréntesis en su carrera como locutor para convertirse por un tiempo en stay at home dad. Tampoco es un héroe. Es nada más (y nada menos) que un hombre normal de estos tiempos.




SANTIAGO, CHILE