Generación bullying

Mi hija tiene prácticamente la misma edad de la adolescente que apareció muerta en el Starbucks de Providencia. Tal vez por eso el tema me tiene con un nudo en la garganta.


Dicen que fue por bullying. Que no aguantó más. Que era una chica normal. Que nadie puede creerlo. Me resulta imposible ponerme en los zapatos de esa mamá. Qué pensará. Cómo hace para respirar a partir de ahora. Y las personas q la molestaron... ¿se sentirán culpables? ¿Se verán a sí mismos como instigadores de una muerte antinatural?


Antes había molestosos y molestados, pero no ese hostigamiento y ensañamiento q existe hoy y que funciona 24/7. El acoso te acompaña y te vibra en el bolsillo.

El bullying es grave. No es para amonestación ni para una charla en consejo de curso. La única solución, creo yo, pasa por segurizar a los chicos desde la casa. Hablarles hasta x los codos de lo importante que es el respeto, no seguir al popular de turno, hablar cuando sufren o cuando ven que alguien sufre una situación de abuso.

Hace unos años, mi hija chica escribió en su estuche un mensaje: “Miss me están haciendo sentir mal y no me gusta”. En su momento le pregunté si la profe lo había visto y qué había hecho. Me dijo que sí, y que le dio un beso y un abrazo. No pesqué, pero nunca me olvidé de eso. Es típico, pobrecito el que sufre, nanai. Y sería todo.


El último día de clases antes de cambiarse de colegio llevó una polera para que todos la firmaran. Dos nenes de diez años le desearon "ojalá que tus nuevos compañeros te traten bien". Todos lo leyeron. Las misses también la firmaron.

Me cuesta hablar de niños malos, aunque los hay. Prefiero hablar de padres despreocupados, que proyectan en sus hijos populares sus propios fracasos. Mamás cornudas dueñas de casa, losers seriales que miran para el costado porque lo único que ven son sus propios pezones, pagados con la Worldmember del marido de turno.


La solución, la única que yo veo, es un trabajo conjunto entre colegios y familias. Castigos reales y ejemplares a los acosadores, aunque tengan ocho, doce o 16 años. No se trata de meterlos presos, pero sí de que dimensionen el poder de sus actos. Anotarlos en una lista a la entrada del colegio. O en un cartel luminoso. Que sea una vergüenza para la familia. que los complique para sacar carnet de manejar, para entrara a la universidad. Que pasen a ser los señalados, a ver si les gusta.

No paro de pensar en esa mamá que no conozco y que quiero abrazar.

Que la niñita encuentre paz, y que su decisión nos sirva para algo. Cuidémonos mejor.


Podría haber sido hija de cualquiera de nosotros.


SANTIAGO, CHILE