Hablemos de #NoBuyBeauty

¿Se acuerdan, antes de Instagram y la invasión K beauty, que con tres o cuatro pasos la rutina de belleza estaba completa? ¿Y se acuerdan, antes de que el mundo se poblara de gurúes del wellness, que no tomábamos multivitaminas, ni colágeno líquido, ni nos poníamos parches para descongestionar las bolsas de los ojos, e igual nos veíamos decentes?


Bueno, de eso habla el movimiento beauty #nobuy , que llamativamente está sumando cada vez más adeptos. No se trata de abandonar todo y dejar que la piel se cuide sola, ni de tirar el cosmetiquero a la basura, pero sí de empezar a pensar distinto, y de manera consciente, antes de seguir comprando todo lo que vemos en redes sociales.


Puede que me esté metiendo en la pata de los caballos, porque a mí me encanta probar cosas y recomendar lo poco que uso, pero tal vez efectivamente nos fuimos al chancho. Es tanta la oferta, que pareciera que necesitamos una rutina de veinte pasos, dos horas, y miles de dólares. Algo no está del todo bien.


Según un reportaje publicado por la revista Vogue, el movimiento tomó fuerza cuando la bloguera de belleza Serein Wu compartió su video de #nobuy con sus suscriptores en YouTube en enero de este año, y recibió cientos de comentarios de apoyo.


Creo que la solución no pasa por dejar de consumir, porque sobre todo en un país con tanta contaminación como Chile la piel pide a gritos que la cuidemos, y además el buen maquillaje es un súper aliado de la autoestima del que no es necesario prescindir. Pero, sí es importante abrir un poco más los ojos. Nadie necesita cuatrocientas millones de cosas.

No todos los nuevos lanzamientos son geniales ni sirven para todas las personas.


Por ejemplo, mi piel es súper seca. Los maquillajes en polvo no me acomodan, porque se me craquelan enseguida y se me metan en las arrugas. A las personas de piel grasa probablemente no le sirvan los aceites que yo me hecho en cantidades industriales. Y así…

Para algo existen distintas versiones de un mismo producto, distintos precios de una misma categoría y cientos de marcas. Algunas priorizarán que sean cruelty free, otras le darán más valor a la cantidad de patentes registradas o a los estudios científicos que hay detrás. Todo es válido mientras no nos volvamos locas.


Finalmente, el “No buy” en realidad es una forma distinta de recordarnos que calidad siempre es más importante que cantidad.






SANTIAGO, CHILE