Nosotros los raros

Actualizado: 7 de oct de 2018


Cuando estaba en sexto básico mi mamá finalmente dejó de torturarme con los deportes y me inscribió en un taller literario, que era lo que yo quería. A los 15 aceptó que no fuera más a esos cursos de inglés que costaban un ojo de la cara y de los que yo sistemáticamente me escapaba. Hicimos terapia de grupo con "otras adolescentes rebeldes", que obviamente eran completamente normales. Mi vieja estaba convencida de que yo era un poco rara. Y nunca le gustó ese pinche con tres aros en cada oreja y el pelo largo. Menos mal que no supo que alguna vez jugamos a pisar sapos con la moto.


La verdad es que yo no paraba. Vivía enchufada a 220. Pero no era ni más ni menos rara que el resto.


Aún así de alguna manera crecí con ese estigma. Estudié lo que mis papás pensaban que debía ser simplemente un hobbie, tuve trabajos con horarios raros (producción de radio de madrugada y crónica policial los fines de semana) a pesar de que en mi entorno nadie lo entendía... Nunca me sentí juzgada en mala. Pero sí distinta.


Mi historia es peanuts al lado de las cosas que veo y escucho a diario. Como juzgar es gratis, la gente vive juzgando. Y todo lo que no es normal (sinónimo de estándar, aburrido, socialmente aceptado), está mal. En todas las edades.


Si a un niño no le gusta el fútbol es raro. Si a una cuarentona le matan los conciertos es rara. Si alguien tiene una cicatriz en la cara es raro. Como ser demasiado gordo o demasiado flaco, o muy introvertido, o súper extrovertido. Ser piolita es ser perkins, odiar los carretes es de raro. Ser directora de empresa es atómico, cuidar hijos y ser feliz solo con eso es insólito (o al revés). Dar la teta es lo correcto. Fórmula... ¡igual raro! Todo es tan blanco o negro que da un poco de asquito. ¿Tu hijo no va a dar la PSU? Chuta, que pena. ¿Pena? Y capaz el pibe ya se ganó una beca para estudiar afuera o sueña con ser algo que no se estudia de manera tradicional.


Tan acostumbrados estamos a eso, que nos terminamos creyendo que ser normal es bueno y que ser raro está mal. Que hacer lo que todos hacen es lo que corresponde y que romper el molde es algo que debemos ocultar (o corregir, según el caso).


De partida, ¿qué es ser normal? ¿bajo qué parámetros?


Ahora que me toca crecer y criar en un país bastante especial, en el que parecería que el mapa social es más importante que casi cualquier cosa, me siento con la responsabilidad de estar doblemente alerta. Cuando veo que están queriendo escanearme clavo una mirada a lo Zoolander onda "qué te importa" y me retiro.


Cuando alguna de mis hijas me pregunta algo al estilo "Por qué soy la única que...?" antes de responder les recuerdo que ser única no tiene nada de malo. Por más boludo que sea el tema, me esfuerzo en hacerles entender que no tienen por qué ser iguales al resto. Y menos si no están convencidas.


Sobre todo con la más chica, que es una especie de miniVani corregida y aumentada, me ha tocado duro. Creo que en algún punto se cumplió el deseo que gritaba mi madre en nuestras peores peleas: "Ojalá tengas una hija igual a vos. Ahí vas a entender".


Bueno, parece que entendí.


Así que en lugar de intentar que el pez vuele para sentirse normal entre los pájaros, yo recomiendo seguir los consejos de Ed Sheeran: "Abraza tus diferencias, porque ser raro es maravilloso. Nunca lo vivas como un problema".


El mundo está lleno de raros exitosos. Sobresalir es una palabra compuesta: sobre salir. Y además tiene dos hermosos sinónimos, resaltar y destacar.


Larga vida a nosotros, los raros.





SANTIAGO, CHILE