Ojo con el pasto falso

Siempre el pasto de enfrente se ve más verde. Las que trabajan con horario sueñan con tener libertad para poder juntarse con una amiga un jueves a las 11 de la mañana. Y las que pueden hacerlo, matarían por tener un cheque a fin de mes como el de la amiga que nunca llega al café.


Y así con todo. La muy flaca se queja de que la ropa no le luce, la que está más gorda dice que nada le queda bien. La separada odia que se lleven a los hijos fin de semana por medio y la casada sueña con un sábado libre. La pechugona quiere ser plana, la plana quiere operarse. La lisa quiere rulos, la crespa los odia. Y podría seguir eternamente con los ejemplos.


El problema es cuando uno cruza al otro lado, y se da cuenta de que eso que se veía verde, frondoso y envidiable, en realidad era puro pasto sintético. Y ni siquiera los bichos lo desean.


Me pasó más de una vez, con varios de los ejemplos de arriba, y siempre es igual. Todos conocemos a alguien que quiere sacarse las siliconas, una crespa rehabilitada del alisado permanente, etc, etc, etc.


Hace poco salí a comer con una gran amiga. Profesional exitosa de esas que integran los rankings de mujeres poderosas e influyentes de Chile. Tiene mi edad, le va increíble en el trabajo y desde hace algunos años empezamos a hablar sobre qué bueno sería independizarnos, pero que cómodo es (era) no hacerlo…


El tema es que el otro día volvimos a hablar sobre lo mismo, ahora ya con un poco más de conocimiento de causa, y le dije la verdad sobre mi experiencia. Que no es mala, pero está lejos de ser fácil, como las dos imaginábamos. Y estoy segura que lo mismo es aplica a todo. Porque en realidad no queremos lo que no tenemos, sino lo que idealizamos.


Construimos fantasías sobre supuestos y nos convencemos de que lo que tenemos, lo que elegimos o lo que nos tocó, podría ser mejor. Y ni siquiera analizamos la posibilidad de que lo que miramos con “sana envidia” sea una auténtica porquería. O algo peor: que sea una mentira.


¡Porque eso es típico! Te inventan la vida feliz. Y una se la cree. Pero la boluda es una, que se autoconvence. Mi recorrido por jardines ajenos fue una auténtica desilusión.


Moraleja: el pasto de enfrente se ve más verde pero es una ilusión óptica. Menos envidia, más verdad por favor.




SANTIAGO, CHILE