Yo nunca nunca...

No sé si lo conocen, pero es un juego bastante típico. Alguien dice “Yo nunca nunca…”, y el que lo hizo, pierde.


Por lo general son cosas bastante absurdas, como “Yo nunca nunca me he lavado los dientes con mayonesa”, “yo nunca nunca salí desnudo a la calle”, o “yo nunca nunca fumé un boleto de colectivo”. Puras tonteras, pero el ejemplo me sirve.


“Yo nunca nunca me metería en una pelea de niñitas”. “Yo nunca nunca gastaría cien lucas en una zapatilla solamente porque está de moda”. “Yo nunca nunca me sacaría una foto agradeciendo un shampú”. “Yo nunca nunca trabajaría con tal persona”.


Y después ahí están, a los gritos en el chat de mamis, pagando la zapatilla en tres cuotas precio contado, sacándose la foto, trabajando con tal persona...


Cambiar de opinión no está mal. Es normal. Yo soy bastante panqueque. Me doy vuelta con facilidad. Y además obvio que alguna vez fumé un boleto de colectivo. También me cambié de país y mis hijas van a un colegio con religión, que eran mis “yo nunca nunca” de bandera.


Lo que me molesta es la gente que se para en un pedestal a dar discursos sobre “lo que sí", “lo que no” y “lo que nunca”, como si las cosas no fueran discutibles. O por lo menos subjetivas.


El otro día hablaba con una amiga sobre el trabajo, la exposición, los compromisos, y me dijo algo que me quedó grabado. Yo le estaba contando que hay cosas que me dan un poco de pudor, y ella me paró en seco: “Vani, es miedo”. Y honestamente me dejó pensando…


Tal vez estamos tan pendientes de la mirada ajena, del pelambre, el qué dirán, que ponemos el pie en el freno sin darnos cuenta que los únicos perjudicados somos nosotros mismos. Si igual todo el mundo critica siempre. Capaz dar motivos sea una mejor estrategia que dejar de hacer cosas por el pánico al screenshot. Porque sí, eso existe.


Así que, por el momento, me apropio de esta frase que leí por ahí y la tomaré como nuevo mantra: “En el fondo te entiendo. Si yo tuviera tu vida de mierda, también me metería en la de los demás”.


Vale para adultos y para niños. Porque hay gente tóxica de todas las edades. Y siempre siempre, cuando no puedan controlarte, intentarán controlar cómo te ven los demás.





SANTIAGO, CHILE